Hace unos días me vi un video que me dejó pensando bastante: “Polímata vs. Especialista: ¿Quién tiene la ventaja real?”. Y pensé que debía escribir sobre esto. El video me hizo sentir muy identificado, no porque me diera respuestas cerradas, sino porque puso en palabras algo que vengo sintiendo desde hace tiempo: yo no funciono como una sola cosa, ni quiero obligarme a hacerlo.
Desde hace tiempo considero que puedo resolver casi cualquier problema que surja. No suelo inquietarme ante los retos; por el contrario, confío en que, de algún modo, hallaré una salida. No lo expreso con arrogancia, sino con una convicción que ha crecido con los años: la vida me ha enseñado a transitar entre diversos espacios, disciplinas y preguntas sin perder el equilibrio.
Cuando te preguntan por tu futuro
Últimamente, varios colegas me han hecho la misma clase de preguntas: “¿Qué vas a hacer después de terminar el doctorado?”, “¿vas a ser profesor?”, “¿te vas a regresar a Ecuador?”, “¿te vas a quedar en Brasil?”. Y he notado algo curioso: me cuesta responderles con una frase simple. No porque tenga duda sobre mi futuro, sino porque todavía no lo he cerrado en una sola forma.
La verdad es que sí tengo claro lo esencial. Sé lo que quiero, sé hacia dónde voy y sé que estoy listo para aprovechar cualquier oportunidad que la vida me ponga enfrente. Pero no he sentido la necesidad de convertir mi vida en un plan rígido de una sola línea. Tal vez porque mi camino no funciona así. Tal vez porque he aprendido que hay procesos que se construyen mejor con apertura que con prisa.
El valor de no reducirse
A veces la sociedad espera que una persona responda con una sola palabra: estudiante, profesor, investigador, científico, activista, defensor de los Derechos Humanos, modelo, fotógrafo, empresario, pintor, productor, etc. (Aunque me gusta decir que soy turista jaja) Como si la vida pudiera resumirse en una casilla. Sin embargo, no percibo que mi trayectoria funcione así. Más bien, mi identidad se ha construido en la intersección de varios elementos: la academia, la lucha social, la experiencia migrante, el arraigo con mi tierra, la observación de la realidad y la necesidad de seguir aprendiendo.
Ese video me recordó algo importante: no todos avanzamos de la misma manera. Algunas personas construyen su vida en una sola ruta, mientras que otras necesitan explorar varios lenguajes antes de hallar su forma más completa. Me reconozco en ese segundo grupo. No lo veo como debilidad, sino como una forma legítima de crecer.
La tranquilidad de no tenerlo todo cerrado
Lo que más me sorprendió al verme reflejado en ese video fue descubrir que no me angustia no tener una respuesta cerrada. Al contrario, siento una paz rara en esa apertura. No me desordena pensar que mi futuro aún puede tomar varias direcciones. Me da más bien la impresión de que la vida todavía me está mostrando opciones, y que mi tarea no es forzar una definición prematura, sino estar listo para reconocer el momento correcto.
Quizá por eso me resulta difícil contestar cuando me preguntan si me quedaré en Brasil o volveré a Ecuador. No porque me falte norte, sino porque mi norte todavía no necesita una sola geografía. Mi compromiso con la vida, con mi trabajo y con lo que quiero construir ya está claro; lo demás todavía puede escribirse.
Seguir listo para lo que venga
Hoy me doy cuenta de que no estoy esperando que todo se resuelva para avanzar. Al contrario, sigo avanzando precisamente porque no necesito tener todo definido para seguir creciendo. Tal vez ahí esté una de mis mayores fortalezas: mantenerme tranquilo frente a lo incierto, confiar en mi criterio y entender que la amplitud no siempre es confusión; a veces, simplemente, es preparación.
También me quedó dando vueltas una frase que me dijeron hace unos días : “el que mucho abarca, poco aprieta”. Ya la he escuchado tantas veces que, en cierto punto, he aprendido a normalizarla. No me hace daño ni me desordena; simplemente me recuerda que hay personas que ven mi amplitud como algo difícil de entender. Pero yo ya me conozco: sé lo que quiero, sé de lo que soy capaz y sé el potencial que tengo. Por eso, más que una crítica, esa frase me confirma algo que llevo claro desde hace tiempo: no todos nacemos para una sola ruta, y no hay nada malo en eso.
Y es que no nací para ser una sola cosa todo el tiempo. Nací para construir, combinar, aprender, moverme, adaptarme y seguir encontrando sentido en los caminos que se abren. Por eso, si hoy no tengo una respuesta perfecta para lo que vendrá después del doctorado, no pasa nada. Mi futuro no dejó de existir por no caber en una sola frase; solo está tomando forma, a su ritmo.

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