El racismo no es solo una palabra fuerte, es una realidad cotidiana que atraviesa la vida de miles de personas. En mi caso, el 10 de diciembre de 2021, sufrí en carne propia el perfilamiento racial por parte de la policía en Quito. Este doloroso episodio me llevó, un año después, a diseñar y conducir un experimento social cuyo objetivo fue tan claro como urgente: hacer visible la manera en que los estereotipos raciales moldean las percepciones y decisiones de nuestra sociedad.
Nace un experimento urgente
A partir de mi experiencia personal —por la cual sigo luchando por justicia y esperando una sentencia— decidí sacar este tema de los expedientes judiciales y llevarlo a la calle, poniendo un espejo frente a la gente común. El experimento consistió en mostrar a diferentes transeúntes cartulinas de diversos tonos, representando distintas pieles, y preguntarles por asociaciones directas: ¿Quién se parece más a un político? ¿Quién a un delincuente? ¿A un futbolista, modelo o trabajador doméstico?
Lo que respondemos —y lo que revela
Las respuestas hablaron por sí solas. La mayoría de participantes asociaron las pieles más oscuras con delincuencia, pobreza, empleos de menor prestigio y situaciones de riesgo ante la policía, mientras que los tonos más claros se vincularon con profesiones de mayor reconocimiento social y mediático. En medio de la espontaneidad, las personas dejaron expuestos los prejuicios que muchas veces negamos o ignoramos.
Pero algunos, hay que decirlo, respondieron que cualquier color puede representar cualquier ocupación. Son excepciones valientes, que muestran que es posible imaginar y construir una sociedad más inclusiva.
Un espejo colectivo
Más allá de cifras y titulares, este experimento social muestra que los prejuicios raciales siguen vivos y normalizados en nuestra cotidianidad. No basta con señalar a la “sociedad” como algo externo; somos cada uno de nosotros quienes, muchas veces sin darnos cuenta, alimentamos estos estereotipos de manera inconsciente.
Lo vivido en 2021 fue para mí una alerta, pero a partir de allí decidí apostar por la denuncia, la visibilización y la conversación pública. Porque la lucha contra el racismo no es solo mía: es de todos.
Seguimos en la lucha
A día de hoy, la justicia sigue pendiente en mi caso. Pero mi motivación se ha transformado: además de buscar reparación en el sistema judicial, lucho para que el racismo deje de ser invisible, para que cada quien—leyendo esto o participando en el experimento—se cuestione sobre cómo ve, piensa y actúa ante la diversidad.
¿Qué asociaciones haces cuando ves a una persona en la calle? ¿Qué prejuicios arrastras de tu historia, de la televisión, de la conversación diaria? Cambiar comienza por reconocer y dialogar, por romper silencios.
Este experimento social me permitió comprobar, una vez más, que el cambio real empieza cuando nos atrevemos a mirar de frente nuestra realidad y a comprometernos para transformarla.
#NoAlRacismo #JusticiaParaTodos
Puedes hacerlo así:
Mira el experimento social completo aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=LnMMDsgr99Y
Jimmy Ocles – Activista, investigador y ciudadano ecuatoriano. Conduje este experimento social porque no quiero que ninguna otra historia como la mía quede sin respuesta.

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